Acodarse en la tarde silenciosa
Acodarse en la tarde silenciosa
a mirar el tiempo
correr como un río entre las cosas.
La corriente muerde la barcaza de marzo,
la arrastra más allá de las montañas
y en la isla
brotan los colores entre una piedra y otra,
surgen luminosas las horas escondidas
y la noche hiere su extensión infinita,
abandona territorios conquistados
olvidando sombras en su prisa,
musgo, nidos que vuelven a ocuparse,
mínimos senderos que se llenan de savia.
Miro hacia el corazón de la niebla
en la tarde de sol ausente, de establecido gris
sin patria.
Morirán de hielo o de hastío los herreros
que forjan el día en la distancia?
Será domingo en el crisol cansado?
Su fiesta de anaranjadas torres
y vapores rojos y amarillos
será bajo el gobierno de las nubes
vedada a los mortales?
Recojo las palabras que me sobran.
Un pájaro, de pronto,
la leve pincelada de tu mano
compone el mundo.
Te miro, mi amor, largamente,
como a un crepúsculo invicto
y guardo las palabras.
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